Medellín
- sebastian alvarez rios
- 1 jul 2022
- 1 Min. de lectura
Actualizado: 9 jul 2022
I
A veces el cielo
baja a tus montañas
y tengo una casa entre las nubes.
II
En cada esquina ha caído alguien
Miles de sábanas se han usado
para cubrir los cuerpos
del sol y las miradas.
La sangre abre surcos
por tus calles empinadas.
El canto de los árboles y el viento
el tráfico
los pájaros
y tu rumba constante,
Medellín
ocultan el estallido de los nuevos disparos.
No sabemos adónde va la bala
si viene
o si ya nos alcanzó.
Pero la lluvia y las lágrimas
limpian la sangre,
tu rumba es nuestra rumba
y el cielo indiferente
sigue siendo azul.
III
Ardo como tus montañas
en la tarde
Como los amantes
de las cajas de ladrillo que te cubren
Y sus lechos húmedos
Y sus sexos palpitantes.
Ardo como el asfalto de tus calles,
ciudad de la eterna primavera
y la tragedia imperturbable.
Como los cañones de tus armas
y los agujeros que hacen en la carne
Ardo.
Ardo como la sangre de tu gente,
como tus tejados
bajo el sol de mediodía
y sobre el fuego nocturno del amor cansado.
Ardo entre ti, Medellín
pero ardo como si te llevara adentro.




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